A VECES ME CAEN MEJOR LOS PERROS QUE LAS PERSONAS

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«Últimamente, me caen mejor los perros que las personas».

-Mamá

Mi madre dijo esta frase un domingo, después de una semana larga y agotadora, y no pude evitar sonreír. Creo que muchos nos hemos sentido así alguna vez. Los perros parecen sencillos: se alegran de verte, no te juzgan y rara vez te hacen preguntarte qué piensan realmente de ti. Las personas, en cambio, pueden ser complicadas.

Después de escuchar a mi madre decir eso, empecé a pensar en por qué a veces parece más fácil querer a los perros. Un perro te ofrece cariño sin hacer demasiadas preguntas. Si llegas a casa cansado, estresado o frustrado, probablemente seguirá moviendo la cola y se sentará a tu lado. Con las personas es diferente. Alguien puede contestarte de malas maneras, ignorar tu mensaje o mostrarse impaciente, y a menudo nos lo tomamos como algo personal.

Sin embargo, el problema es que casi nunca conocemos toda la historia que hay detrás del comportamiento de alguien. Un compañero de trabajo que parece desagradable quizá haya pasado la noche cuidando de un familiar enfermo. Un desconocido que se muestra impaciente en una tienda puede estar preocupado por perder su empleo o atravesar un problema personal. Lo que parece falta de amabilidad a veces no es más que cansancio, estrés o dolor.

Esto no significa que debamos justificar las malas formas, pero sí recordar la importancia de la empatía. Nos resulta fácil tener paciencia con un perro porque damos por hecho que no actúa con malas intenciones. Quizá deberíamos intentar ofrecerles a las personas un poco de esa misma paciencia, incluso cuando nos resulte difícil comprenderlas.

Hay días en los que, sin duda, prefiero la compañía de los perros. Son reconfortantes, previsibles y tremendamente adorables. Pero si solo juzgáramos a los demás por sus peores momentos, las relaciones serían imposibles. El reto de ser humanos consiste en aprender a reconocer que todos cargamos con algo que los demás no pueden ver.

Así que sí, hay días en los que los perros parecen mucho más fáciles de querer que las personas. La diferencia es que los perros buscan cariño, mientras que las personas, a menudo, necesitan comprensión. Quizá la verdadera lección no sea elegir a los perros por encima de las personas, sino recordar que la compasión es tan importante con los demás como con las mascotas que tanto adoramos.

Como me recordó aquel comentario de mi madre, nunca sabemos realmente por lo que está pasando otra persona. Y precisamente por eso, la empatía importa más cuando más nos cuesta ofrecerla.

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